Julianita se puso de pie y frotó sus ojitos que comenzaban a soltar lágrimas de miedo.
_¡Mamá!_gritó Julianita. Quería irse corriendo, pero no podía dejar a su gato embrujado levitando en su cuarto.
_¡¿Silvestre, baja?!_ dijo. Pero nada pasaba. Su gato seguía levitando de un lado a otro en su cuarto. El gato lejos de asustarse parecía muy divertido con el extraño paseo. Desde allí arriba jugaba con su colita que colgaba y enrollaba en el aire. Estaba tan alto que Julianita no llegaba a alcanzarlo.
_¡¿Juliana, qué pasa?!_ Irene llegó justo para ver el preciso momento en que el gato bajó a los brazos de Julianita, que seguía llorando.
Julianita se acercó y explicó a su madre lo que había pasado.
_ Mamá, le pasé huevo a Silvestre y resulta que no estaba ojeado, sino embrujado._ Irene se sorprendió con lo que decía su hija. Pero ella misma lo había visto. <Un gato volando, ¡Qué locura!>, pensó. Abrazó a su hija, definitivamente debía contarle a alguien, ¿pero a quién?, ¿quién les creería algo tan loco?
Tomó su celular y marcó el número de su comadre Carol, pero de pronto una llamada entró. Era un número extraño.
_¿Aló?_ dijo Irene.
_¿Irene?, escúchame: yo te creo, ¿viste volar al gato, verdad?_ (Se escucha de fondo una fiesta). Aunque la llamada está entrecortada, Irene reconoce a esa voz. Un poco tímida y delicada se da cuenta que es ella misma. Entonces comienza a temblar.
_¡¿Quién eres?!, ¡¿Qué quieres?!_ preguntó con la voz de una leona lastimada. Abrazó a su hija que lloraba y no soltaba a su gato. Debía ser fuerte por su hija.
_ Soy tú misma, Irene, pero de otro lado. No tengo tiempo para hablar, solo te llamé para decirte que debes irte de allí. Toma solo lo que es tuyo y huye de esa casa. (La música comienza a escucharse más fuerte, la voz dice algo más que no logra entender y de pronto colgó).
_¿Por qué debo irme?, ¡¿Aló?!_ Irene intentó devolver la llamada, esta vez con el grabador de voz encendido para tener pruebas. Pero el número ya no existía. <Dios mío, por favor, guíame>, pensó Irene. ¿Qué debía hacer?
_Juliana, toma un abrigo y empaca tu mochila con algo de ropa. ¡Nos vamos a otro lado!._Julianita metió un par de polos, un pantalón, la foto de su papá y la comida de Silvestre. Vació su alcancía donde había alcanzado a ahorrar 33 soles. Aún se le caían las lágrimas, pero se daba cuenta que su mamá también tenía miedo, así que intentaba no llorar.
_ Mamá, ¡vámonos!_ Julianita había envuelto a su gato en una toalla y se paró firme en la puerta. Irene también había preparado su mochila con algunas latas de atún, comida en tapers y botellas de agua. No entendía qué pasaba. <¿Estoy haciéndole caso a una voz extraña en el teléfono?>, pensó. Pero de todas formas debía irse. Abrazó a su hija, miró a su gato y salieron de la casa.
Caminaron hasta la esquina, Irene llamó a su comadre Carol y le dijo que necesitaba un lugar para quedarse. Ella le dijo que con gusto la podía recibir. Volvió a ver otra vez la casa y entonces pudo observar a tres personas trepar por las paredes y entrar por la ventana del cuarto de Julianita.
_¡Mamá mi cuarto!_ dijo Juliana.
_¡Creo que van a robarnos!_ exclamó Irene. Pero de pronto sonó música, la misma que escuchó cuando la llamó aquella voz. Encendieron las luces de toda la casa y de pronto parecía que había una fiesta dentro. Irene se esforzó por ver algo desde las siluetas que aparecían en las ventanas. Solo pudo ver las sombras de algunas personas bailando y de una en especial que hacía el ademán de llamar por teléfono.
_¡Vámonos, Juliana!_Sin volver a intentar ver lo que ocurría en su casa. Ellas se fueron.
Fin <3

